viernes, 7 de julio de 2017

El día del maestro

Desde 1953, los peruanos celebramos el 6 de julio el “Día del Maestro”. La fecha corresponde a la la fundación de la primera Escuela Normal de Varones, un 6 de julio de 1822, aun cuando desde los tiempos del Tahuantinsuyo existen las palabras “yachay wasi” y “amauta”.

El yachaywasi (en quechua: yachay wasi, “Casa del Saber” era el lugar en donde los varones adolescentes de la nobleza incaica eran preparados con los conocimientos necesarios para la administración y el gobierno , enseñanza que estaba a cargo de los amautas, los maestros o sabios del imperio.

Diremos en adición, que revalorando este concepto, este nombre que tenían los maestros en la época del incanato, es utilizado actualmente por el estado peruano para otorgar la condecoración máxima (Grado de “AMAUTA”) a todo profesional que en su labor educativa ostente una trayectoria académica y profesional de excepcional relieve, cuya obra haya contribuido notoriamente y con impacto evidente a la consecución de los fines generales de la educación, y que sea considerada un aporte significativo a la educación, ciencia o cultura del país.

Trascendencia del maestro en la sociedad.

El tránsito de país subdesarrollado a desarrollado se basa objetivamente en indicadores, siendo uno de ellos la tasa de analfabetismo. La pregunta que cae de madura es ¿y quienes asumen esa histórica tarea? La respuesta resulta obvia: El Maestro.

Esa labor de alfabetización que inicialmente puede significar aprender las primeras letras va más allá, pues el proceso educativo nos lleva también a la adquisición de ideas y conceptos que servirán para tomar decisiones en nuestras vidas.

Los que vivimos en el mundo citadino no siempre logramos entender desde la ciudad lo duro que puede ser este proceso en el interior de nuestra patria, un país de diversidad cultural, lingüística y con brechas económicas, que genera inequidades también en el campo de la adquisición de conocimientos, debido entre otros factores a las condiciones de infraestructura inadecuadas de los colegios de ese “Perú profundo” que solo sirve a los políticos para sus discursos demagógicos, pero no pasa por una real valoración del personaje central de este proceso, es decir el maestro peruano.

El compromiso de los maestros con su misión a pesar de las dificultades

Visto en retrospectiva y con ojos de egresados de las escuelas, encontramos que aquello que grafica excelentemente en sus décimas el gran Nicomedes Santa Cruz, señalando el perfil del estudiante juguetón, que se desconcentraba en las clases y que obligaba a que el maestro utilizara como estrategia didáctica métodos que hoy serían considerados como bullyng, pero que correspondes a una época donde esto tenía el visto bueno de los padres.



Los tiempos han cambiado, vivimos la revolución científica y tecnológica, donde la megatendencia de la información ha cambiado conceptos clásicos, pasando de la biblioteca Gutenberg a la biblioteca virtual que debe obligar al estado a mejorar la infraestructura de los colegios y capacitar a los maestros para que puedan asumir estos nuevos retos del proceso educativo.
No hacerlo provoca un retraso en la escuela pública que hasta hace unos años era pionera en la educación, superando largamente a la escuela privada.

Homenaje a mis maestros

Finalmente, voy a permitirme en esta fecha rendir homenaje a los maestros que influyeron en el curso de mi vida para lograr ser el profesional que soy. Así desde la profesora Rosalía que me enseñó “el cartón” con el cual mi generación aprendía las primeras letras, luego a los profesores del Colegio N° 563 de la provincia de Chincha donde cursé los estudios de primaria y finalmente del glorioso Colegio Nacional José Pardo y Barreda del cual acompaño el post colocado anteriormente en mi blog.







domingo, 4 de junio de 2017

04 de junio - Día de la Cultura Afroperuana

Esta mañana en la sobremesa del desayuno, al abrir mi Facebook encuentro en el muro de mi sobrina Guadalupe Magallanes una nota en la que nos hacía recordar que hoy 4 de junio se celebra el “Día de la cultura afroperuana”.


Ella forma parte de la “zambocracia” de la familia. “Quien no tiene de inga tiene de mandinga” diría don Ricardo Palma, aquel costumbrista tradicionalista, uno de los literatos más reconocidos del continente americano, quien al parecer recoge este dicho de los mulatos limeños de la colonia y que también aparece en la comedia costumbrista “Un juguete” de Manuel Ascencio Segura (1885), donde uno de los  personajes dice: “… mi hija no tiene … ni de inga ni de mandinga…”

Día de la Cultura Afroperuana

Desde el año 2006 el Congreso declaró el 04 de junio esta celebración a través de la ley N° 28761, por lo que el Ministerio de Cultura desarrollará en esta fecha una serie de acciones orientadas a la visibilización, reconocimiento y generación de políticas públicas a favor de la población afroperuana.

La fecha corresponde al día que nació Nicomedes Santa Cruz Gamarra, uno de los grandes exponentes de la cultura negra en el Perú, cuyas décimas abordaron alegrías y tristezas de la comunidad afroperuana y  jugaron un papel decisivo en la construcción de la identidad de la raza negra en América Latina.

Una de los morenos de Chincha

No voy a tocar el racismo y no otros temas ingratos en esta fecha, pues “el mundo negro” es reconocido como parte del folcklore afrochinchano. Prefiero entonces colocar algunas notas como la del nuestro comprovinciano Antonio Gálvez Ronceros en “Monólogo desde las tinieblas” quien nos presenta en su obra una cosmovisión de los negros de Chincha, donde los protagonistas usan su propio lenguaje, su modo de pensar y otros atributos que los identifican en la sociedad peruana.

"Un negro iba contando a otro negro un percance que
había tenido. Decía:
-Y te juro que me diuna cólera, ay peruna cólera
que no se me pasaba.
-Oye, ¿y cómo e la cólera? -dijo el otro.
-La cólera e como mascá piera, como mascá arena..."



jueves, 4 de mayo de 2017

Ex-alcalde de Chincha, abandonado y enfermo al borde de la su muerte

Escribe: Manuel Madueño Ramos

         Nicanor Apolaya Almeyda, uno de los alcaldes más carismáticos del pujante distrito emergente de Sunampe, provincia de Chincha Alta, se debate hoy en el más triste abandono y olvido, confinado en una casa de campo construida a base de quincha y barro en el lugar denominado Lomo Largo, distante varios km de la Chincha. Para llegar tenemos que cruzar acequias, chacras de cultivo; ingresar por un callejón de tierra guarnecido por muros de adobe cubiertos de enredaderas y plantas rastreras. A nuestra llegada algunos perros de las casas vecinas saltaron ladrando furiosamente, tal vez pensando en asaltantes o ladrones que pululan por esos lugares a cualquier hora del día y llevarse todo lo que encuentra a su paso.

       El domingo 23 de abril del 2017, primero lo buscamos en su vivienda del Jr. Junín de Chincha.. No lo encontramos y por un dato que nos alcanzó una señora, nos dirigimos a Lomo Largo al lugar indicado en compañía del compañero de estudios José Crisóstomo. El taxi enrumbó por la Panamericana Sur e ingresó por un callejón entre arbustos y casuchas desperdigadas. Cruzamos una gran plaza desértica, el sol calcinaba el cráneo y la piel cambiándolos a un color aceitunado. Nos detuvimos frente a una inmensa casa de adobe. Nuestro acompañante se adelantó y preguntó a un anciano sentado al fondo de la sala parecía perderse. Era el mismísimo Nicanor, con voz ininteligible dijo, soy yo ¿Qué quieren?.

     Parecía increíble lo que nuestros ojos veían. Era Nicanor sentado en una silla desarmada, avejentado por el paso de los años, con taciturna mirada, pensando si soñaba o era cierto que estábamos a su lado. ¿Estaba solo? Completamente, en una casa abandonada, sin ninguna compañía, esposa, hijos o alguna persona que hiciera amena los últimos días de su existencia. Está enfermo y muy enfermo, sus manos temblaban como hojas llevadas por el viento, su voz difícilmente articulaba  las palabras, pero recordaba nítidamente los hermosos momentos de cuando era estudiante en el emblemático Colegio Nacional "José Pardo y Barreda" egresado en 1961 Promoción "José Mujica Cárdenas", un recordado maestro.

      Nico, como familiarmente lo llamábamos era un generoso joven, jovial y con su voz ronca atraía a sus compañeros de aula. Concluido sus estudios en el Pardo ingresó a la Universidad Nacional de Educación de la Cantuta, Lima, pero siempre se daba un tiempecito para visitar a los amigos de Promoción que estudiaban en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Graduado de distinguido profesor volvió a su tierra natal para volcar sus conocimientos en los estudiantes. Trabajó en el Instituto Pedagógico de Chincha, los sábados iban con sus amigos al distrito de Grocio Prado jugar villar. Y así fue pasando los años hasta que se hizo de una carga familiar, tuvo hijos y se dedicó educarlos que sean ejemplo de la sociedad.

     Esa mañana nos contó algunas anécdotas de su vida. Dijo, de estudiante promulgaba con el Partido Aprista Peruano, pero terminó siendo de Izquierda Unida. En las elecciones de 1985 solicitó a los jerarcas del APRA de Chincha para lanzarse como candidato por el partido. Carlos Medrano Arancibia, Secretario General lo negó tajantemente manifestando que el candidato sería un compañero conocedor en política, él era un joven inexperto con conocimientos mediáticos del partido. Nico se dio cuenta que lo estaban marginando por ser hombre de campo, alejado del pueblo, sin los pergaminos del decadente partido que se ahogaba dentro del favoritismo de un Presidente aprista quien dijo "la plata llega sola". Nico se lanzó apoyado por los jóvenes y triunfó rotundamente contra viento y marea.

     La historia de los pueblos lo suelen escribir los gobernantes que aman de verdad al suelo donde nacieron, que son los suficientes como para acoger la totalidad de un momento de esa historia. Y aquí vamos a hablar no de aquéllos hombres que después de la batalla mueren en la guerra, sino de  los que enarbolan y batallan para que el país y sus pueblos se transformen; aquéllos que logran representar las fibras más profundas y llegar al corazón de cada integrante de una colectividad. Son sujetos históricos que sintetizan un momento especial, en los que confluye toda una trayectoria y explican lo que ahora somos. Ese es Nicolás Apolaya, hijo de un humilde campesino que se hizo hombre a base de esfuerzo e inteligencia.

     En las BODAS DE ORO de la Promoción 1961"José Mujica Cárdenas", fue miembro de la Junta Directiva de la festividad junto con Armando Palomino Guerra, Enrique Saravia Yataco, Luis Claros y otros. En esa fiesta Nicolás estuvo en primera fila, desfilando y llevando en alto la Banderola de la Promoción, mientras Armando Palomino el Gallardete que ganamos como la sección de mayor rendimiento y disciplina de las tres secciones. Nosotros estábamos orgullosos de nuestro paladín porque así nomás no surgen personajes que dan prestigio y honor no solo al Colegio donde estudió sino a la provincia de Chincha. El desfile de todas las promociones se realizó en la Plaza Mayor frente a la Municipalidad, luego fuimos a degustar la rica carapulcra chinchana, el famoso "mancha pecho".

     Y nuestro héroe no debe morir de esta manera, olvidado por sus hijos, por su esposa y por aquellos seres que un día dijo amarles. No debemos olvidar cuando fue alcalde del populoso distrito de Sunampe, obsequió un millar de ladrillos para la construcción de la piscina de su alma mater el Colegio Nacional "José Pardo y Barreda". Y lo cumplió con creces. Esta clase de gobernantes necesita el Perú, pero desgraciadamente son pocos, pero son. Que la ingratitud no continúe en ningún corazón chinchana, abandonando a las ex-autoridades que un día dirigió los destinos de nuestra sociedad.


Gratitud al profesor Nicolás Apolaya Almeyda. 

¡¡¡FUERZA MI ESTIMADO NICO!!!






viernes, 14 de abril de 2017

Historia del Señor Crucificado de Chincha

RECUERDOS DE SEMANA SANTA
Historia del Señor Crucificado de Chincha

Por: Dr. Lauro Muñoz Garay

Refiere la historia que cada mes de Octubre, decenas de Chinchanos viajaban en peregrinación a la ciudad de Ica para rendirle culto al Señor de Luren, lo que aparte de las incomodidades del viaje, les acarreaba fuertes gastos y pérdidas de días de trabajo, por lo que decidieron esculpir una esfinge del señor similar a la de Ica y obsequiarla al Templo Santo Domingo de Guzmán.

Con este propósito se dieron a la tarea de buscar un árbol de olivo, el que fue elegido por los feligreses devotos Chinchanos del Señor de Luren.

Señalado el árbol de la tarde del 24 de Octubre de 1908, se constituyó una nutrida concurrencia de devotos y mayordomo al hogar de los referidos esposos y les hicieron conocer el motivo de su visita y a cuyo requerimiento Don Pedro Napa de inmediato accedió y acto seguido se procedió a talarlo, sentándose un acta en este hecho. En dicho documento consta que siendo las 4 y 30 de la tarde se inició la tala de este centenario olivo.

Dos horas y media tardaron en dejarlo completamente limpio y listo, para que entrara en funciones el escultor chinchano DON MANUEL ORTIZ, quien tomaría cerca de un año para esculpir la imagen del Señor Crucificado que profesionalmente recorre las calles de Chincha el Jueves Santo y el mes de Octubre.

Mientras se ejecutaba la obra, los devotos reunidos en la casa del señor Lorenzo Villalta, procedían a fundar la cofradía, hoy constituida como la hermandad como la hermandad del señor crucificado de Chincha y el 10 de Enero de 1909 quedaba instalada su primera junta directiva.

Terminado el madero y la escultura de la esfinge, se procedió a construir el anda.

En estos días de serena reflexión por el padecimiento y muerte de JESÚS en la Cruz, recordando sobre la historia de nuestro Señor Crucificado de Chincha encontré esta breve historia que pongo a vuestra consideración.

El escultor don MANUEL ORTIZ MARTÍNEZ nació en Chincha, fue hermano de doña Andrea y de doña Agripina Ortiz Martínez, mi Abuela, madre de mi señora madre doña Blanca Garay Ortiz, que a su vez fue hermana de doña Teresa Garay Ortiz, a quien se le encargo en más de una oportunidad la restauración de nuestro señor crucificado.


Precisamente en honor de la Familia Ortiz se denomina el Pasaje ubicado en la avda. Andrés A. Cáceres.

viernes, 7 de octubre de 2016

La carapulcra chinchana o "manchapecho"

Por: Ferrer Maizondo Saldaña - Cronista
huachosperu@gmail.com


Carapulcra es una palabra de origen prehispánico. El término existe en lengua quechua y aimara. Gala phur´ka significa guiso hecho en piedras calientes. En latín, madre del castellano, existe el término cara pulchra.

Tradicionistas, estudiosos y el común de las personas la llaman de diferente forma. Así, para Ricardo Palma es “la sabrosa carapulcra”, don Alberto Tauro del Pino la denomina carapulca y la gente de Chincha le dice simplemente “manchapecho”.


Chincha es una mezcla de distintas razas, colores y orígenes. Migrantes y descendientes de andinos, africanos, italianos y chinos comparten el manchapecho con los chinchanos de “pata rajada”.

Los migrantes fueron llegando al cálido valle con sus sabores y matices, fusionando su tradición culinaria con la del reino de los chinchas y los usos y costumbres de la cocina moderna.

Cuando de fiesta o festejo se trata, hombres y mujeres la celebran con carapulcra y sopaseca. Y si van acompañadas de unas copas de cachina o vino de chacra, como se conoce al licor sin etiqueta, mejor. En el matrimonio chinchano nunca falta el manchapecho.

La carapulcra y la sopaseca chinchana son una fusión de condimentos preparados, lenguaje e historia; la unión de dos potajes en un solo plato.

La preparación de la carapulcra comienza dorando el ajo a fuego moderado, luego se agrega el ají panca porque la buena cocina, la cocina chinchana y casi toda la cocina nacional, inicia la mayoría de sus preparados con la pasta del ají panca. “El ají tiene que oler, que se sienta en toda la casa”. Bien frito pero no quemado, para que no afecte la carapulcra y pueda durar hasta el otro día, para el “calentao”.

El condimento por excelencia es “el ají panca, con su característico sabor ahumado”. Como dice el famoso cocinero Gastón: “Sin ají, no existiría comida peruana”. De todos los ajíes que el Perú produce es el menos picante, pero el más intenso en color que va del rojo oscuro al achocolatado. El ají colorado que se ha dejado secar al sol, es el gran ají seco del Perú. El comino se echa al último porque viene tostado y molido.

Cuidando que la carapulcra no se queme y para que agarre el “gustito” se agrega, de rato en rato, un cucharón de caldo de gallina o chancho. Para mover, se usa un cucharon redondo. Para raspar y no dejar que se queme, se utiliza espátula o espumadera. Cuando esté bien frito el ají y huela bien se echa “un poquito de maní”, después, todo el caldo y maní necesario. “La carapulcra es demorona. Muy afanosa, pero rendidora”. Durante el proceso se va probando con un cucharon pequeño.

A continuación la sal y los sazonadores intervienen. Las mieles y la maleza de la caña de azúcar convertida en sazonador Ají no moto y una cubeta de caldos Maggi, realzan el sabor.

Es el turno de lo nativo, la popular y nutritiva papa Yungay o Blanca, sancochada, pelada y picada copa el espacio de la enorme olla. “Papa menudita, si picas grande no te va rendir”. Se baja el fuego para que la papa tome color, gusto y deje de ser blanca. Para que no quede muy blanca, se echa un poquito de achote molido, “poquito nomás”.

Se cuida que el fuego sea lento y bajo. Si se quema y no se cambia de olla, el resultado es un preparado amargo, o se “huma”. Es decir, se nota que está ahumado.

Cuando la vecina comenta en voz alta: “Ya está saliendo el olor para afuera”, es la buena señal que la carapulcra ya está lista.

El preparado de la sopaseca es más rápido. “Más sencilla, pero igual hay que tener cuidado”. Una cebolla pequeña y picada se dora en aceite. “No me gusta mucha cebolla”. Tomate bien “quemadito” para que no se note. Albahaca molida; la combinación debe ser “más verde que roja”. “Tiene que oler”.

Un litro de caldo de gallina por un kilo de fideos. Si deseas le agregas un “poquito más de caldo”, agua del caño no, le quita el sabor. Fideos tallarín delgado. Buen fideo, sino sale “masocote”. Se debe saber “qué fideos es”.

Se dejan secar los fideos. Utilizar “trinche metálico para granear los fideos”. Bajar el fuego y colocar una latita debajo de la olla. “Cocinando y graneando, cocinando y graneando”. Si está muy seco, una rociadita de aceite, cuidando que no salga grasoso. El fideo tiene que reventar.

El aromático perejil picado, la sal y los clásicos sazonadores brindan el toque del sabor necesario. Cuidando que los fideos no estén tan rojos, “verdecito tiene que estar. Agregar albahaca para compensar”. Cuando el fideo crece, ya está listo para servir. “Tiene que agarrar gusto. Puede tener color, pero si no tiene gusto, no vale”.

La mesa está servida. En el plato, primero la sopaseca, luego la carapulcra. A un costado yuca, arenosa y blanquita. Al otro extremo del plato las carnes. Un buen trozo de gallina o chancho. Pollo también puede ser. Algunos colocan pavo, “si es criollo, mejor”. “Una copa de pisco para que baje la grasa”.

La receta y recomendaciones es de mamá “Goya”, Gregoria Salvatierra de Crisóstomo. Manos maravillosas de dama bondadosa y cristiana. En mejores años fue la dueña del famoso bar La Playita, en Pilpa, pasando Cequiagrande.

sábado, 23 de julio de 2016

Una previa a las fiestas patrias

Esta tarde hemos tenido una reunión de chinchanos co-promocionales que hicimos estudios secundarios en el Colegio Pardo, quienes precisamente hace 2 años celebramos Bodas de Oro.

Debo decir que con alguna frecuencia los paisas residentes en Lima hacemos estas gratificantes reuniones de camaradería que sirven entre otras cosas para reforzar lazos de amistad que serán siempre eternas entre quienes pasamos juntos los años de nuestra juventud formados en el alma mater de la provincia.

Esta vez la reunión fue en casa de José Celestino Lévano, un oficial de la Policía Nacional en situación de retiro, quien al lado de su familia fue excelente anfitrión. Miguelito Veliz se portó con un pisco de categoría A1 como es su costumbre, de esos que deben tomarse puros necesariamente. La comida fue preparada por nuestra paisana Carmela Saravia experta en el popular “mancha pecho”, nombre dado a la carapulca, comida irremplazable en este tipo de reuniones de chinchanos.


El anecdotario

Una característica común es traer a la conversación anécdotas de esa época maravillosa, donde curiosamente la palabra bullying no existía y muy por contrario los padres delegaban autoridad a los maestros, nombre dado a los profesores en tanto que participaban en el reforzamiento de valores en los estudiantes.

No podía faltar una del Profesor Pedro Ronceros, quien tenía como apodo “Lorito”, un hombre severo pero a quienes todos respetábamos por su dedicación a la enseñanza. Este profesor tenía por costumbre tomar “pasos orales” al inicio de la clase y si alguien no contestaba le decía: “cómo no sabe, oiga usted yo que padre lo colgaba de un guarango” (un árbol de la zona de Chincha). La risa por cierto no podía faltar, aunque lo hacíamos en tono bastante bajo en esas circunstancias por razones, pero que después en el intermedio servía para bromear a la víctima del citado profesor; o una del profesor Don lucho Cànepa quien nos carajeaba si observaba un mal comportamiento nuestro, pero ambos profesores por ejemplo han sido considerados por todas las promociones como unos excelentes y muy respetados maestros.

También otra cuando un alumno muy dedicado a los libros le preguntó a un profesor: “Profe, y usted sabe dónde tenemos el alma”, recibiendo como respuesta lo siguiente: “Mira hijito, yo no sé dónde estará el alma, pero lo que si se es que si continuas molestando de un patadón te voy a sacar el alma”. Igualmente la risa brotaba casi instantáneamente entre los alumnos.

Desde luego que no podían faltar las de los Auxiliares de Educación, aquellos personajes del sistema educativo encargados de velar por la conducta del estudiantado, como por ejemplo la del Sr. Artemio Hernández, conocido como “Batea” apodo con el cual lo conocimos y nunca nos enteramos del origen del mismo, persona bastante rígida pero que a la vez era amigo de los alumnos.

Sobre él mi primo Lauro Muñoz, quien tiene un  repertorio inmenso de anécdotas de todas las épocas nos decía que el Sr. Hernández para hacer entrar en orden a la clase nos ordenaba en 2 filas, diciendo; “los serranos por allá”, “los cholos por acá” y que en una oportunidad un alumnos “de la color” (como diría alguien) le preguntó inocentemente: ¿y los negros?, a lo cual respondió “los negros más allá porque no los veo”. Chincha siempre ha tenido una población grande de gente que procedía de la quebrada, zona de sierra de la provincia, de donde “bajaban” muchos jóvenes para cursar sus estudios en el emblemático Colegio Pardo.



Son estas cosas las que hacen que las reuniones de egresados tengan un carácter bastante grato, de apego al colegio y a la provincia y que nos haga siempre regresar en cada aniversario.




viernes, 1 de enero de 2016

Los 100 años de doña Josefina Tasayco

Justamente, coincidiendo con el fin de año, hemos tenido el honor de compartir con sus familiares la celebración por los 100 años de la Señora Josefina Tasayco, de quien por el apellido sabemos que es una dama chinchana, nacida en el distrito de Grocio Prado.
Ella naciò en el barrio “Toma La Palma” – Grocio Prado – Chincha el 31 de diciembre de 1915. Sus padres fueron Uldarico Tasayco Saravia y Marìa Visitaciòn Castilla Munayco.
Contrajo matrimonio religioso con Don Gerardo Arroyo Munayco en la Parroquia de Chincha Alta..
Familias longevas.
Ella ha tenido 10 hermanos y dentro de los que viven en la actualidad todos ya pasan la barrera de los 90 años, lo que revela la longevidad de la familia.
De manera anecdótica mencionaremos que uno de los familiares al hacer uso de la palabra durante el brindis, tal vez para dar mayor realce a sus expresiones y llevado por la euforia de las circunstancias dijo que “así nomás no se llega a 100 años, siendo este el primer centenario que se celebraba”; pero vista las expresiones de los asistentes, se apresuró a aclarar que se trataba del primer familiar que celebraba su centenario.
La celebración
La reunión se llevó a cabo en la casa ubicada en Pampa Cabeza de Toro, en el distrito de Independencia de la provincia de Pisco, por la Vía de los Libertadores que lleva a Ayacucho.
La casa rebosaba con la cantidad asistentes conformada principalmente por los hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, considerando que ella ha tenido 11 hijos y varios de ellos han seguido la antigua costumbre campesina de constituir familias numerosas.
Todos habían querido estar presentes en esta histórica celebración familiar, que necesariamente debe trascender en toda la provincia, pues hechos así son extremadamente infrecuentes.
Importante señalar también que estamos ante familia profundamente religiosa tal vez por ser de la misma tierra donde ha nacido la Beatita Melchorita y que tiene la satisfacción poco frecuente de contar entre sus miembros a 2 sacerdotes, ambos nietos de la señora Josefina; y justamente, la misa celebrada en la amplia sala de la casa estuvo a cargo de uno de ellos.
Luego pasaríamos a la cena. Como es costumbre “en la chacra”, los familiares directos –en este caso los hijos- se ubiquen en una mesa colocada en el centro del salón y el resto de familiares e invitados lo hacen en silla ubicadas periféricamente alrededor de la mesa. Debo agradecer la deferencia de la familia para con mi persona al ubicarme en la mesa central, compartiendo ese ese lugar privilegiado con los hijos de la Sra. Josefina.
Posterior a ello vendría la interminable sesión de fotos, entendible porque todos deseaban tener el recuerdo de esta celebración, y qué mejor testimonio que la foto “de reglamento” con la centenaria cumpleañera.
La lucidez de doña Josefina
Muchas veces vemos que por circunstancias derivadas de la edad las personas van siendo afectadas en su grado de lucidez, pero diríamos que esto no sucede con doña Josefina, para lo cual relataremos el siguiente hecho anecdótico: estábamos en la mesa, previo al brindis de honor y uno de los nietos era el encargado de servir el vino en las copas. A todos nos llenaba las copas, no así con la santa, quien al notar ese hecho llamó la atención al nieto diciendo: “hey, este cholito (así llaman cariñosamente a los niños) que te has creído, por qué me estas sirviendo poquito en mi copa, sírveme como a los demás”.
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Bueno de la comida no hablaremos porque se sobreentiende que se habían esmerado en ofrecer lo mejor por este esta celebración.